¿Cuándo fue la última vez que habitaste tu cuerpo con presencia?
Vivimos en una cultura que nos enseña a mirar hacia afuera: metas, logros, apariencias. Pero el cuerpo —ese templo silencioso que nos sostiene— guarda memorias, emociones y respuestas que ningún manual puede ofrecer.
Volver al cuerpo no es un acto estético ni una moda de bienestar, es un regreso a casa. Es recordar que somos más que pensamientos y rutinas: somos respiración, pulso, raíz.
El cuerpo como archivo emocional
Cada tensión en los hombros, cada respiración contenida, cada molestia que parece no tener causa... es una historia que el cuerpo intenta contarnos.
La medicina ancestral siempre lo supo: el cuerpo no se trata, se honra.
Desde los baños de hierbas que nuestras abuelas preparaban al caer la tarde, hasta los masajes con aceites naturales y las infusiones que calmaban el alma, cada gesto era un ritual de amor y escucha profunda.
La ciencia moderna lo confirma: prácticas como el masaje consciente, la aromaterapia y la respiración diafragmática ayudan a liberar endorfinas, mejorar la circulación y reducir el cortisol —la hormona del estrés—.
En otras palabras: cuando habitas tu cuerpo, también lo sanas.
Ritual de reconexión corporal
Un momento para volver a ti, sin exigencias, sin perfección. Solo tú, tu cuerpo y la intención de escucharte.
Materiales:
- Aceite esencial de lavanda (relajante) o romero (energizante)
- Música suave: cuencos tibetanos, mantras o sonidos de la naturaleza
- Un espejo
- Tu cuaderno de sanación o diario personal
Pasos:
-
Enciende tu música y respira profundo tres veces.
Siente cómo el aire entra y sale, sin forzar. -
Aplica el aceite en tus manos y realiza un masaje lento en cuello, brazos y abdomen.
Imagina que cada caricia limpia tu energía y despierta tu vitalidad. -
Frente al espejo, mírate sin juicio.
Di en voz alta:“Este cuerpo es mi hogar. Lo escucho. Lo cuido. Lo amo.”
Escribe en tu cuaderno:
- ¿Qué siento en mi cuerpo hoy?
- ¿Dónde necesita atención o descanso?
- ¿Qué me está intentando decir?
Hazlo una vez por semana.
No como una tarea, sino como un regalo de presencia.
Florecer es volver a ti
Tu cuerpo no necesita corrección, necesita comprensión.
En cada respiración consciente, en cada toque amoroso, en cada pausa que te concedes, estás sembrando sanación.
Recuerda: no hay camino más sagrado que el que te lleva de vuelta a ti.
¿Qué ritual te gustaría incorporar esta semana?
Cuéntamelo en los comentarios o comparte tu experiencia en Instagram con el hashtag #FloreceSanaMente.
Juntas, tejemos salud, memoria y amor.

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